Filosofía 2

La historia de cada uno de nosotros comienza siempre, de una manera inevitable,

unida a la de nuestros padres, a sus decisiones y a su vida antes y después de llegar nosotros y comenzar a escribir nuestras primeras líneas en este mundo. Por esta misma razón, para encontrar mi origen debemos primero viajar miles de kilómetros, atravesando el océano Atlántico, hasta acabar en Uruguay, donde mi familia decidió emigrar desde la ciudad de Pontevedra hace ya unos cuantos años.

 

Allí, durante muchos años tuve la oportunidad de crecer y vivir rodeada de una cultura en estrecha relación y contacto con las plantas y las flores, con sus propiedades y con el poder curativo de la naturaleza sobre nuestro cuerpo, alma y emociones. También fue allí donde aprendí que la medicina convencional y la alternativa o natural no son esos rivales antagónicos que muchas veces nos quieren hacer ver, ambas medicinas comparten una misma naturaleza en lo esencial, bebiendo y sirviéndose la una de la otra, trabajando en conjunto, complementándose, ofreciendo un enfoque integral en el cuidado de la salud de cada ser humano.

 

Sin embargo, la vida tiene siempre sus propios planes para cada uno de nosotros, cada decisión que tomamos nos abre nuevos frentes y caminos, y a pesar de no perder nunca esa conexión adquirida con la madre naturaleza, el día a día y sus obligaciones pueden llegar a alejarnos durante demasiado tiempo de aquello que somos y que nos define: nuestra esencia.

El estilo de vida acelerado que llevamos actualmente, rodeados de enormes estructuras de hormigón y vidrio a menudo no nos permite ver ni pensar con claridad. Pero llega un día en el  que decides bajarte por un instante de esa ruleta de movimiento infinito, coger aire, respirar con calma, y descubrir por fin que de las miles de razones por las que estamos en este mundo, quizá una de las más importantes sea la de encontrar y desarrollar aquello que nos llena y nos hace más  felices. Ya de vuelta en la tierra de mi madre, en esos días de reflexión me doy cuenta de que es el momento de volver al origen, de recuperar esa conexión con la naturaleza, de crear un lugar diferente y personal, un lugar que desprenda otro modo de hacer las cosas,  un lugar en donde la gente venga a hablar, pero también a que la escuchen y a que la aconsejen, y en definitiva, un lugar en donde ser esa cuidadora natural que siempre he sentido que llevaba dentro de mí.

 

La Madre Selva es una de las 38 flores de Bach, la que se ocupa de recoger a aquellos que viven en el pasado y traerlos de vuelta al presente, al hoy, al ahora. Sin embargo, Madre Selva como nombre y como concepto, es mucho más para mí, es un reconocimiento a La Tierra que nos da cobijo, a todos sus ecosistemas, que nos proporcionan vida y sustento a lo largo de nuestra existencia, y sobre todo, a las Selvas de nuestro mundo: la del Amazonas, la de Haparan, Monteverde, Yasuní… Lugares únicos que albergan las 2/3 partes de toda la biodiversidad de nuestro planeta, lugares cuya flora y vegetación han sido durante milenios y son a día de hoy, el origen de la prevención, tratamiento y cura de cientos de enfermedades, una Medicina de origen Natural que lejos de quedarse como fuente de salud del pasado, será también mañana, uno de nuestro principales recursos en el descubrimiento de curas para  muchas enfermedades que a día de hoy no la tienen.

 

Una fuente inagotable de vida, de salud y de bienestar, una flor para dejar atrás el pasado y afrontar con más ilusión que nunca el futuro y para mí, ese pequeño espacio en el mundo en donde ser, siempre que alguien lo necesite, su cuidadora natural y enlace con la naturaleza, eso es en esencia Madre Selva desde el día que dejó de ser solo un sueño más en mi cabeza, para convertirse en la realidad que es a día de hoy.